1. Ventajas contables.
Los planes de retribución flexible resultan especialmente atractivos para las empresas, puesto que no supone un gasto adicional, sino simplemente una redistribución de partidas: de “sueldos y salarios” a “retribuciones en especie”. No conlleva un aumento en la base imponible del IRPF, ni en las cotizaciones a la Seguridad Social.
2. Deducción fiscal.
Desde el punto de vista tributario, los gastos empresariales en retribuciones en especie son deducibles de sus ingresos a la hora de calcular su base imponible del Impuesto de Sociedades.
3. Cotización a la Seguridad Social.
Estas retribuciones en especie sí cotizan a la Seguridad Social, conforme al artículo 147 de la Ley General de la Seguridad Social y al artículo 23.1.b) del Reglamento de Cotización. Por lo tanto, no afectan negativamente ni a la empresa ni al trabajador en términos de cotización.
5. Favorece la conciliación.
Servicios como la guardería, el transporte o los tickets de comida ayudan a mejorar la conciliación laboral y familiar, lo que se traduce en una mayor satisfacción del personal.
7. Ayuda a la empresa a volverse más competitiva.
Este tipo de iniciativas refuerza el posicionamiento de la empresa como empleadora flexible y centrada en las personas, atrayendo y fidelizando el talento.
En definitiva, la retribución flexible es una herramienta eficaz que aporta beneficios tangibles tanto a las empresas como a los empleados. En un entorno laboral cada vez más competitivo, invertir en este tipo de políticas no solo es rentable, sino también estratégico.



