¿Qué es el concurso de acreedores?
El concurso de acreedores es el procedimiento judicial previsto para regularizar la situación de una sociedad cuando no puede cumplir o prevé no poder cumplir regularmente con sus obligaciones de pago. Lejos de ser un mecanismo para proceder al cierre empresarial, su finalidad principal es proteger los intereses de los acreedores, y cuando sea posible, facilitar la continuidad de la actividad empresarial mediante una reestructuración o, en su caso, una liquidación de deudas de manera ordenada.
Además, es importante mencionar que, tras la reforma operada por la Ley 16/2022, el concurso de acreedores ya no es el único mecanismo previsto por la Ley Concursal para afrontar una situación de crisis empresarial. Ahora se incluyen instrumentos preconcursales, como los planes de reestructuración, que permiten actuar antes de que la insolvencia se consolide, favoreciendo soluciones tempranas orientadas a la continuidad del negocio.
¿Cuándo una empresa debe plantearse acudir al concurso de acreedores?
El elemento crucial para determinar cuándo una empresa debe acudir al concurso es la existencia de insolvencia. Pero, ¿qué se entiende por insolvencia? Para abordar el concepto, es menester diferenciar dos tipos de insolvencia: la insolvencia actual y la insolvencia inminente.
Hablamos de insolvencia actual cuando la empresa no puede cumplir regularmente con sus obligaciones exigibles, es decir, cuando ya no puede atender los pagos a su vencimiento con regularidad. Por otro lado, existe lo que se denomina la insolvencia inminente, que tiene lugar cuando la empresa prevé que no podrá cumplir con sus obligaciones dentro de los tres meses siguientes.
En ambos escenarios puede resultar procedente acudir al concurso, no obstante, la ley impone el deber de instar el concurso únicamente en caso de insolvencia actual, mientras que ante la insolvencia inminente existe una facultad y no una obligación legal de solicitud.
A estas categorías debe añadirse la denominada probabilidad de insolvencia, concepto introducido tras la reforma de 2022, que concurre cuando resulta objetivamente previsible que la empresa no podrá cumplir regularmente con sus obligaciones en un futuro próximo, aunque todavía no se encuentre en situación de insolvencia actual ni inminente.
En definitiva, la empresa que sufra una falta de liquidez que impida una gestión regular de los pagos, y que comprometa el tráfico mercantil, debe ser consciente de que puede encontrarse ante una situación que exija la adopción inmediata de medidas: bien afrontar una reestructuración, o bien solicitar un concurso de acreedores.
¿Qué señales pueden alertar la necesidad de pedir el concurso de acreedores?
Por lo general, la insolvencia no suele manifestarse de forma repentina, sino que esta se manifiesta a través de una serie de señales que conviene identificar a tiempo. Entre los indicadores más habituales se encuentran: los impagos reiterados a proveedores, arrendadores, entidades financieras o Administraciones Públicas. También se suele manifestar en el aplazamiento de pagos recurrentes para hacer frente a los pagos más esenciales de la actividad empresarial, así como en la aparición de embargos y ejecuciones de manera reiterada. Adicionalmente, la dificultad de abonar las nóminas de los trabajadores también es un indicador relevante a tener en cuenta.
La concurrencia de varios de estos factores suele evidenciar una situación que hace necesario un análisis financiero y jurídico de inmediato.
¿Existe alguna obligación de solicitar el concurso de acreedores?
La respuesta es sí. Cuando el deudor es conocedor del estado de insolvencia actual que atraviesa su empresa, está obligado a solicitar el concurso dentro de los dos meses siguientes a la fecha en que hubiera conocido o debido conocer dicha situación. Se presume que el deudor ha conocido su estado de insolvencia cuando concurre alguno de los hechos objetivos del artículo 2.4 de la Ley Concursal (por ejemplo, existencia de embargos por ejecuciones en curso que afecten de una manera general al patrimonio del deudor, sobreseimiento generalizado en el pago corriente de las obligaciones del deudor, impagos de salarios, tributos, Seguridad Social durante tres meses, etc.)
Este deber recae sobre el órgano de administración de la empresa. La ley prevé esta obligación precisamente para evitar que la situación económica de la empresa se agrave y además, para proteger a los acreedores.
¿Qué ocurre si no solicito el concurso de acreedores?
Se distinguen dos tipos de concursos de acreedores: el concurso de acreedores voluntario, cuando la primera solicitud del concurso la insta el propio deudor y el concurso de acreedores necesario, cuando la solicitud parte de la acción de uno o varios acreedores legitimados.
No instar el concurso de acreedores en el momento adecuado puede agravar notablemente la situación. Si la empresa no acude a tiempo al concurso estando en insolvencia actual, se expone a incumplir el deber legal de solicitarlo en dos meses, lo que podría activar la presunción de concurso culpable por incumplimiento de ese deber y puede derivar en consecuencias personales y patrimoniales para los administradores, incluida la inhabilitación y la condena a indemnizar daños y perjuicios.
Además, el retraso incrementa el riesgo de que el concurso sea necesario, con suspensión de facultades de administración y disposición y de que se consideren injustificadas operaciones o pagos próximos a la insolvencia.
Por lo tanto, el retraso suele traducirse en una mayor pérdida de activos y deterioro económico. Además, incrementa la litigiosidad y la exposición del órgano de administración a responsabilidades derivadas del incumplimiento de sus deberes legales.
¿Y si la empresa todavía es viable?
Es importante destacar que el concurso de acreedores no equivale necesariamente al cierre de la empresa. En muchos casos puede convertirse en el mecanismo adecuado para ordenar las deudas y mantener la actividad empresarial bajo la supervisión judicial mientras se baraja una situación de continuidad. Dependiendo de la viabilidad que tenga el negocio, el procedimiento puede servir para mantener los activos claves de la empresa: por ejemplo: la cartera de clientes, los contratos en vigor, las licencias, el know-how, etc o, si no existe posibilidad de continuidad empresarial, el concurso puede servir para llevar a cabo una liquidación de deudas ordenada que minimice el impacto económico.
En definitiva, una empresa debería plantearse acudir al concurso cuando no pueda cumplir regularmente con sus obligaciones, en el caso de la insolvencia actual, o cuando sea previsible que no pueda hacerlo en los tres meses siguientes, en el caso de la insolvencia inminente.
Identificar a tiempo las señales de alerta permitirá proteger el valor de la empresa y gestionar la crisis con un mayor control. En situaciones de dificultar financiera, la anticipación y la toma de decisiones adecuadas marcan la diferencia entre una gestión ordenada y un agravamiento innecesario del problema. Anticiparse no solo amplía las opciones de continuidad empresarial, sino que reduce el impacto económico y patrimonial que conlleva una situación de crisis.
Antes de que tu empresa se enfrente a dificultades fiancieras, es fundamental anticiparse y contar con el apoyo de profesionales especializados que ofrezcan un asesoramiento estratégico y un análisis exhaustivo de todas las áreas del negocio.
Únicamente mediante un estudio personalizado y una planificación adecuada podrás acceder a la posibilidad de una reestructuración empresarial eficaz, orientada a preservar la viabilidad y continuidad de tu empresa, evitando así tener que recurrir a la fase final del concurso.
En Fimax Asesores somos especialistas en derecho concursal y en la reestructuración empresarial. Nuestro objetivo es acompañar a las empresas cuando empiezan a sentir las primeras señales, no cuando ya no tienen margen de maniobra. Si tu empresa atraviesa dificultades o quieres analizar su situación antes de que surjan problemas mayores, contacta con nosotros. Estudiaremos tu caso y te asesoraremos sin compromiso para encontrar la mejor solución posible.



