Fijos discontinuos: cuándo procede su utilización

El contrato fijo discontinuo se ha convertido en una de las figuras más utilizadas —y más controvertidas— del panorama laboral español. Muchas empresas se preguntan cuándo pueden recurrir a él con seguridad jurídica y cuándo, por el contrario, su uso puede derivar en una sanción. En este artículo repasamos qué es, en qué situaciones procede y por qué se ha convertido en la vía casi obligada para cubrir necesidades de personal recurrentes.

Un contrato que ha ganado protagonismo en el mercado laboral

En los últimos años, el contrato fijo discontinuo ha pasado de ser una figura casi residual a convertirse en uno de los grandes protagonistas del mercado laboral español. La reforma laboral de 2021 lo situó en el centro del escenario y, desde entonces, su uso se ha disparado. No es casualidad: hoy es la vía legal para cubrir necesidades de personal que se repiten en el tiempo, pero no de manera continua, y eso encaja con la realidad de muchísimos sectores.

Qué es y cómo funciona el fijo discontinuo

Este contrato, regulado en el artículo 16 del Estatuto de los Trabajadores, es indefinido, aunque funcione de forma intermitente. La actividad laboral se desarrolla por periodos, ya sean estacionales, de temporada o simplemente recurrentes. La clave está en que la relación laboral no se extingue cuando termina cada periodo de actividad, sino que se produce una pausa hasta el siguiente llamamiento. Esa continuidad jurídica es lo que lo diferencia por completo de los antiguos contratos temporales que se encadenaban año tras año.

¿Cuándo procede su utilización?

La normativa actual define con bastante claridad cuándo debe utilizarse. Por un lado, están los trabajos estacionales o vinculados a actividades de temporada, esas que se repiten cada año en fechas previsibles: campañas agrícolas, temporada turística, comedores escolares… Por otro, los trabajos intermitentes que no tienen una temporada fija, pero sí una recurrencia evidente, como ocurre en actividades sujetas a picos de demanda. En ambos casos, la lógica es la misma: la empresa sabe que necesitará personal, aunque no de forma continua, y el contrato fijo discontinuo es la herramienta adecuada para ello.

Los riesgos de un uso indebido

El problema es que su uso indebido se ha convertido en una de las principales fuentes de sanciones laborales. La Inspección de Trabajo considera fraude encadenar contratos temporales para actividades recurrentes, recurrir a contratos eventuales para cubrir temporadas que se repiten cada año, no realizar el llamamiento conforme al convenio o saltarse el orden de prelación. Todo esto, que antes se veía como una práctica habitual, hoy tiene consecuencias claras y cuantiosas.

Por qué es hoy la opción legal por excelencia

La razón por la que el fijo discontinuo es tan relevante en la actualidad es sencilla: la reforma laboral eliminó el contrato por obra y servicio y dejó el contrato temporal reducido a supuestos muy concretos. Eso significa que, para la mayoría de actividades recurrentes, la única opción legal es el fijo discontinuo. No es solo una figura útil; es la herramienta que permite a las empresas adaptarse a la normativa y evitar la temporalidad, que es precisamente el objetivo que persigue la legislación vigente.

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