¿Sabías que tu empresa familiar está protegida en relación a la revelación de secretos de empresa?

Si atendemos al tenor literal del artículo 278 del Código Penal, dispone que:

  1. El que, para descubrir un secreto de empresa se apoderare por cualquier medio de datos, documentos escritos o electrónicos, soportes informáticos u otros objetos que se refieran al mismo, o empleare alguno de los medios o instrumentos señalados en el apartado 1 del artículo 197, será castigado con la pena de prisión de dos a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses.
  2. Se impondrá la pena de prisión de tres a cinco años y multa de doce a veinticuatro meses si se difundieren, revelaren o cedieren a terceros los secretos descubiertos.
  3. Lo dispuesto en el presente artículo se entenderá sin perjuicio de las penas que pudieran corresponder por el apoderamiento o destrucción de los soportes informáticos.

Por tanto, analizando dicho precepto se deduce desde su comprensión lógica que, desde la perspectiva de:

  • La acción delictiva, dicha acción consiste en obtener un secreto de empresa, para lo cual es del todo necesario valerse de medios idóneos, que para la ley son los previstos en el art. 197, a cuyo comentario remito.
  • El objeto del delito, lo que se obtiene es: datos, documentos escritos o electrónicos, soportes informáticos u otros relativos al mismo. Está claro que el objeto no lo constituye el soporte mismo sino su contenido; por ello se perfecciona la infracción tanto si se descubre o revela un dato oralmente, cuanto si se lo hace con un documento en cualquier soporte que contenga datos. Lo esencial es el dato o información aunque a veces la obtención del soporte es imprescindible para la revelación del dato secreto. Cabría reconocer que la remisión al art. 197 es ociosa ya que, aunque se enuncian algunos otros medios, siendo abierta la lista, bastaba con la del presente artículo.
  • Los medios comisivos, los medios por los que se obtiene la información secreta, ha de contarse el precio o la recompensa a favor de un empleado de la empresa que facilita lo buscado por el agente.
  • El dolo, se requiere dolo específico que consiste en obtener la información para descubrirla, pero basta el genérico si, conforme el ap. 2, se difunde, revela o cede lo descubierto. Si es la misma persona la que descubre y revela, o difunde, o cede a tercero lo descubierto, se produce un concurso ideal (art. 77.1º) sin multiplicación de la criminalidad.
  • El sujeto activo, puede ser cualquier persona y no existe agravación por la circunstancia de ser un empleado desleal quien cometa la infracción, sino por el contrario, la pena se atenúa siempre que obre en provecho propio (art. 279, párr. final). Es curioso que, si quien revela o cede es la misma persona que descubre el secreto, la pena es de tres a cinco años de prisión; mientras que si el que revela no es quien ha descubierto el secreto, la pena es de uno a tres años (art. 280).
  • Concurso real, todo otro delito contra la propiedad o cualquier otro bien jurídicamente protegido que concurra, somete a la conducta a un concurso real, aunque el artículo sólo haga referencia al apoderamiento o destrucción de los soportes informáticos. Sirva de ejemplo si para acceder al soporte destruye bienes que están en el interior del recinto o estando dentro decide robar dinero de la caja.

Ahora bien, siguiendo con nuestro análisis podemos observar como en el artículo 279 del Código Penal dice que: «La difusión, revelación o cesión de un secreto de empresa llevada a cabo por quien tuviere legal o contractualmente obligación de guardar reserva, se castigará con la pena de prisión de dos a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses».  Si el secreto se utilizara en provecho propio, las penas se impondrán en su mitad inferior.

Teniendo por tanto presente este contenido, se puede desprender del mismo que:

El bien jurídico protegido, lo que protege es la propiedad industrial no registrada, a diferencia de los tipos que describe la Sección 2ª, por lo cual cabe destacar su correcta ubicación.

El objeto delictivo es el secreto empresarial, y no necesariamente el secreto industrial, aunque esté implícito. La jurisprudencia a veces solucionó la cuestión ampliando el concepto de secreto industrial a los datos técnicos, contables, correspondencia, lista de clientes, etc. Con la redacción actual no cabe duda que se deben incluir todos los aspectos empresariales que se encuentran sometidos a reserva o conocimiento de unos pocos que es, en definitiva, el concepto más arraigado de lo que debe entenderse por secreto.

Las acciones delictivas son difundir, revelar o ceder, con el mismo significado y alcance de las descritas en el art. 197.3º y su concurrencia no multiplica la criminalidad porque se trata de una norma de conductas alternativas.

El sujeto activo, ha de ser cualquier persona que por ley o contrato esté obligado a guardar reserva, sea o no empleado en relación de dependencia laboral privada o funcionarial, y el delito se ha de cometer, si fuere un empleado, constante tal relación y aun después de haber cesado. La discusión de si el delito sólo se perfecciona constante la relación laboral y no una vez cesada ésta, parece que debiera remitir dada la nueva redacción del tipo penal, que para nada se refiere a un empleado por lo que, en todo caso, y como se ha dicho antes, se puede incluir a cualquier persona; v. gr.; el dibujante contratado para la elaboración en un proyecto.

Los caracteres del delito, no se habla de medios, por lo que son admisibles todos, bien entendido que el apoderamiento o destrucción de soportes informáticos generan un concurso real, como cualquier otro daño que se perpetre dentro del recinto donde se encuentra lo secreto.

Este delito se comete con dolo genérico, aunque la intención y las consecuencias sean idénticas a las previstas en la descripción típica del artículo anterior. No siendo preciso acreditar la intención, la acción puede estar movida por un propósito de lucro, venganza, odio a los propietarios, o cualquier otro.

Son admisibles las formas imperfectas de ejecución. La utilización del secreto en provecho del agente disminuye la pena (?). Este provecho en beneficio propio no puede manifestarse sino como el uso de tales secretos en empresa propia ya que, si los vende a un tercero obtendrá un provecho, pero también el tercero que los compra.

Finalmente, es importante analizar lo establecido en la regla contenida en el artículo 280 de nuestro Código Penal, según el cual, determina que: «El que, con conocimiento de su origen ilícito, y sin haber tomado parte en su descubrimiento, realizare alguna de las conductas descritas en los dos artículos anteriores, será castigado con la pena de prisión de uno a tres años y multa de doce a veinticuatro meses».

Por lo expuesto, se interpreta de dicho precepto que, las conductas delictivas son en este caso el revelar y ceder, porque si ya se ha realizado el descubrimiento del secreto en el que, según este artículo, no ha tomado parte el agente, no cabe hablar de la acción de obtener los datos o informes secretos, sino que sólo quedan las conductas mencionadas. La pena es más benigna que la destinada al que descubre el secreto. La pena de quien difunde sin haber descubierto el secreto es más benigna que la destinada para quien descubre y vende (ver art. 278.2º).

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