La empresa familiar como mecanismo de identidad individual y colectiva

La empresa familiar cumple también una función estructural básica que muchas veces pasa desapercibida: crea y mantiene la identidad individual y colectiva. La identidad es un concepto relevante y que se debe analizar, ya que define y da forma a nuestra propia concepción personal (individualidad) y a las afiliaciones grupales a las que nos asociamos (identidad colectiva):

  • ¿Quiénes somos?
  • ¿Qué deseamos?
  • ¿A dónde vamos? 
  • ¿A qué aspiramos?

De esta forma, la identidad individual depende del autoconocimiento que tiene un individuo, de su autoestima y su autoeficacia. El conocimiento propio de cada miembro de la familia suele estar fundado en la estructura familiar, siendo precisamente ésta la que permite que el individuo pueda responderse a algunas preguntas como ¿quién soy? ¿de dónde vengo?, es decir, las cuestiones radicales sobre el fundamento de la existencia y el destino de la misma.

Generalmente, dado que estamos inmersos en una estructura social (red) llamada familia, tendemos a contestar estas preguntas basándonos en nuestra ascendencia, en nuestra forma de vivir y actuar, explotando la evolución de nuestros antepasados, etc.

Es precisamente la historia de la familia la que nos permite situarnos como personas en el tiempo y el espacio. Si a esto añadimos que nuestra familia posee o ha poseído durante varias generaciones una empresa, una entidad económicamente rentable que ha estado presente y, sin duda alguna, ha influido y condicionado nuestra historia familiar, entonces esta empresa familiar también formará parte de nuestro ser. Nos definiremos no sólo teniendo en cuenta nuestra pertenencia a una familia, sino también la empresa que como grupo fundaron nuestros predecesores y que nosotros hemos heredado de la que formamos parte.

La autoestima 

Por otro lado, la autoestima está relacionada con las expectativas que otros tienen de nosotros, especialmente aquellas personas que influyen en nuestra vida, por ejemplo, la familia. Las expectativas que otros cercamos tienen de nosotros suelen contribuir más en la formación de nuestro comportamiento y en la composición de nuestra identidad que la experiencia o el pasado vivido.

Por esta razón, cuando nuestra familia espera algo de nosotros, tendemos siempre a buscar los medios para tratar de satisfacer la demanda o la exigencia. Nuestra autoestima está en función de lo que logramos en relación con lo que los demás esperan. ¿Cuántas veces no vemos individuos que por satisfacer las expectativas de sus padres estudian carreras que no les apasionan? O para ponerlo en el contexto de la empresa familiar, ¿acaso no es cierto que muchos miembros de la siguiente generación han sido formados y mentalizados para dirigir la empresa de la familia? Ésas son las expectativas, y no hacerlo puede causar gran conflicto y una profunda crisis de identidad personal y colectiva.

La eficacia

La eficacia propia se refiere a poder evaluar nuestro avance comparado con los objetivos que tenemos que alcanzar como personas. Preguntas como ¿sé adónde voy? y ¿sé cómo estoy avanzando en ese proceso? Son sólo algunas de las cuestiones que hay que considerar.

Cuando hablamos del individuo en el núcleo familiar, la eficacia está intrínsecamente relacionada con las gestiones familiares y con el capital social que como grupo hemos desarrollado. Más aún, cuando existe una empresa familiar y gracias a ésta podemos desarrollar oportunidades de crecimiento que nos permitan alcanzar nuestras metas como personas, la eficacia individual está indirectamente relacionada con el ámbito del negocio familiar.

La identidad

Por todo lo anterior, la identidad del individuo que forma parte de una familia empresaria está significativamente asociada no sólo a su núcleo familiar, sino también a la empresa que posee. Por esta razón, sostenemos que la empresa familiar es un mecanismo que ayuda en la consolidación y el mantenimiento de la identidad individual, y constituye una variable que se entrelaza con el yo individual, lo que somos, lo que esperamos ser y lo que alcanzamos en ese proceso.

La identidad colectiva se refiere al sentido y al orgullo de pertenencia que un individuo tiene en relación con un grupo o colectivo, por ejemplo, la familia o la empresa familiar. Desde el punto de vista del individuo, la identidad colectiva forma parte de su propia identidad como persona, de quién es.

Algunas veces, el sentido de pertenencia a un grupo específico puede ser tan fuerte que la persona está dispuesta a sacrificar parte de su propia identidad individual por el bienestar del grupo. Ejemplos de este tipo de comportamientos están muy relacionados con la empresa familiar. ¿Cuántas veces no hemos visto a hijos únicos hacerse cargo del negocio de sus padres, y hacerlo bien aun cuando sus intereses o pasiones son otras? Estas personas tiene claro que la identidad colectiva, el nombre de la familia, pesa más que su propio interés, afición, inclinación y deseo. Lo mismo sucede con los príncipes, ¿cuántos abdican del trono por dedicarse a otro tipo de actividades? Pocos en toda la historia; por algo será.

La empresa familiar 

La empresa familiar es el resultado o la resultante de un acoplamiento estructural de dos organizaciones sociales con funciones propias, que se influencian mutuamente y que producen una identidad fruto de dicha interrelación.

La familia que experimenta en su devenir cotidiano el desarrollo de una empresa se convertirá en familia empresaria; es decir, dentro de sus competencias como familia integrará una capacidad nueva, la de ser empresaria y generar emprendedores intergeneracionales, y, por su parte, la empresa se convertirá en empresa familiar, manteniendo las competencias necesarias de cualquier empresa. Además, integrará una capacidad adicional que será la identidad familiar dentro de la empresa.

Cuando un grupo familiar ha vivido durante dos, tres o más generaciones gestionando y compartiendo intereses empresariales y patrimoniales, desarrolla vínculos que de alguna manera unen y comprometen (identidad colectiva) a sus miembros, y aunque éstos conformen diferentes familias nucleares, comparten a su vez una misma raíz cultural y unas relaciones propias de los modelos de familia extensa.

Desde la óptica de las formas de organización social, podemos definir la familia empresaria como una organización que posee un alto nivel de competencia. Dicha capacidad le ha permitido no sólo cumplir sus funciones familiares, sino además expandir su influencia hacia el exterior en la creación de riqueza y en el desarrollo de un protagonismo social que influye en la transformación de su entorno geográfico e histórico.

La empresa familiar tiene la posibilidad de sumar potencialidades porque la familia proporciona a la empresa una entidad, una pertenencia, una fidelidad, un camino para seguir influyendo en el mantenimiento y en la transformación de las estructuras sociales. Y la empresa aporta a la familia una visión activa y renovada del mundo exterior, con tensiones, crisis, dificultades, competencia, pero también trabajo, logros, éxitos y beneficios.

Ambos sistemas se entremezclan para influir en la personalidad de los individuos que los componen. Así, la identidad de los miembros de la familia y de la empresa, como individuos, se ve forjada y modelada. A su vez, la identidad del grupo empresarial y del familiar se gesta dando un lugar a cada organismo en el colectivo y protegiéndolo de otros grupos sociales.

Aunque evidente, poco se habla y menos se estudia esta función estructural que cumple la empresa familiar en torno a la construcción y el mantenimiento de la identidad individual y colectiva.

En Fimax Asesores consideramos que esta función debe ser incluida en la definición de lo que es el negocio familiar, ya que gracias a ella, la familia y el grupo empresarial mantienen la estabilidad emocional y social que les permite crecer y expandirse, siendo precisamente esto lo que proporciona el sentido de orgullo y pertenencia que mantiene unidas y comprometidas a las familias y las organizaciones a través de las generaciones, el curso del tiempo y, en lugar concreto, el espacio.

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