Específicas figuras jurídicas mortis causa en el protocolo familiar (Parte II)

//Específicas figuras jurídicas mortis causa en el protocolo familiar (Parte II)

Específicas figuras jurídicas mortis causa en el protocolo familiar (Parte II)

1.1.3. El artículo 813 del Código Civil

Es innegable que la legítima resulta intangible, con excepción de las causas de desheredación contempladas en nuestro Código Civil (arts.852 a 855 CC). Sin embargo, este hecho no condiciona a que el testador pueda disponer el usufructo universal de todos los  bienes hereditarios a favor de su cónyuge.

Existe doctrina que afirma que este usufructo grava la legítima, y por tanto estaría afectado por la prohibición contenida en el párrafo segundo del artículo 813 del Código Civil. Cierto es que la porción de bienes sobre los que el testador no podrá disponer variará según los herederos forzosos que concurran en la herencia ( arts. 808 a 810 CC). Sin embargo, para poder tratar este tema, es necesario analizar qué es lo que se debe entender por legítima en estos casos. Como el objeto de estudio del presente blog se centra en la empresa familiar, voy a ceñirme exclusivamente a la legítima de los hijos o descendientes, por ser éste el supuesto que puede producir conflictos sobre la continuidad de la entidad.

La legislación dispone que la legítima está compuesta por las “dos terceras partes del haber hereditario del padre y de la madre” (art. 808 CC). Una parte de las dos que la conforman podrá ser aplicada como mejora a sus hijos o descendientes. Ahora bien, cabe plantearse si la constitución del usufructo universal vidual repercutiría también a la legítima estricta, o tan solo quedaría afectado el tercio de mejora.

Ciertos autores, sostienen que no podrá imponerse ninguna carga sobre la legítima larga que les corresponde a los hijos o descendientes. Otros, en cambio, la entienden como una cuota del valor de los bienes de la herencia, y por tanto, como el usufructo y la nuda propiedad son bienes perfectamente valorables, se pueden pagar las legítimas de los herederos forzosos con adjudicaciones en nuda propiedad por el valor de las dos terceras partes, con lo que no debería existir conflicto.

Por el contrario, a mi juicio, entiendo que la prohibición contenida en el artículo 813 del Código Civil no es absoluta, existiendo mecanismos legales que permiten al testador imponer gravámenes.

Por una parte, la ley establece como un derecho inherente al cónyuge viudo el usufructo sobre el tercio de mejora; y por otra parte, existe la posibilidad de que sea decisión de los herederos forzosos el consentir o no que se imponga una carga sobre su legítima. De no aceptarse, debería atenderse a lo dispuesto en el artículo 820.3° de mismo corpus legal.

Según opino, la consecuencia de que los legitimarios acepten el usufructo universal del cónyuge viudo, es un uso y disfrute aplazado de lo que por ley les corresponde. Por tanto, no afecta a la nuda propiedad como defienden algunos autores. Además, esta facultad de decisión que recae sobre el legitimario, demuestra la factibilidad de imponer gravámenes sobre la legítima, mecanismo que es muy utilizado en la práctica.

Cuando el patrimonio relicto se compone mayoritariamente de la empresa familiar, uno de los principales inconvenientes de otorgar un usufructo universal vidual, consiste en que de reclamar todos los hijos su legítima libre de cargas, puede ocasionar una descapitalización de la empresa. El cónyuge viudo solo dispondría, para la continuación de la entidad, del tercio de libre disposición y el usufructo del tercio de mejora. Ante esta situación, una posible vía de solución sería la contemplada en el artículo 839 del Código Civil, y que los legitimarios pactaran con el cónyuge -aunque también podría ser a través de mandato judicial- que su parte del usufructo fuera satisfecho asignándole una renta vitalicia, los productos de determinados bienes, o un capital en efectivo. De esta forma, los legitimarios podrían incorporarse a la entidad familiar y el cónyuge quedaría económicamente satisfecho.

Por último, uno de los motivos que más preocupan a los herederos en el momento de aceptar el usufructo del esposo supérstite, es la posibilidad de que éste puede contraer ulterior matrimonio.

Esto puede afectar a la unidad y funcionamiento de la empresa familiar. Pues bien, hay que destacar que el usufructo universal, a diferencia de lo que sucede con el vidual legal, puede atribuirse bajo condición. El Código Civil dispone expresamente que “las disposiciones testamentarias, tanto a título universal como particular, podrán hacerse bajo condición” (art. 790 CC). Así pues, para poder prevenir cualquier intromisión de un tercero extraño, que tras el fallecimiento del causante pueda incorporarse a la familia por haber contraído matrimonio con el usufructuario, es conveniente que el otorgante haga uso de la facultad contenida el artículo 793 del Código Civil, e imponga a su cónyuge viudo la condición absoluta de no contraer posterior matrimonio. Si bien, entiendo que para evitar tal situación bastaría con que en el testamento se añadiera el calificativo de “vidual” al usufructo universal. De esta forma, se da por entendido que el cónyuge podrá seguir disfrutando del usufructo mientras no varíe su estado civil.

1.1.4. La cautela socini

Si bien nuestro ordenamiento jurídico no contempla de forma expresa la figura del usufructo universal, el testador, con la finalidad de que los legitimarios respeten su voluntad sobre la herencia, puede servirse de la llamada “cautela socini”. También se conoce como cláusula Socini o Gualdense. La licitud de esta cláusula es admitida sin problemas tanto por la doctrina como por la jurisprudencia.

Es un tipo de cautela de opción compensatoria que se articula de tal forma que, a los herederos forzosos se les adjudicará una mayor parte de lo que por legítima estricta les correspondería, siempre y cuando acepten ciertas cargas respecto de los bienes hereditarios. De no respetarse estos gravámenes, el legitimario solo podrá conservar su legítima estricta. Perdería así aquellos otros bienes o derechos adjudicados por encima de la misma, haciendo acrecer su parte a la de los demás, los considerados como no rebeldes.

Los efectos de esta cautela, no pueden ser considerados como un acto de desheredación parcial frente a una de actitud de rechazo del gravamen impuesto. La desheredación consiste en privar a un heredero forzoso de la totalidad de sus derechos sucesorios. En cambio, esta cláusula lo que establece es la opción de poder recibir la legítima estricta y sin gravamen, o bien una cuota mayor pero gravada por el usufructo universal vidual.

Los defensores de la intangibilidad cualitativa de la legítima, entienden que esta cláusula es un artificio en fraude de ley. Aun así, la mayoría de autores abogan por su validez y utilidad. Su postura se basa en que no se coacciona la libre decisión de los legitimarios, ya que disponen de la facultad de poder elegir si quedarse con la propiedad de la legítima estricta; o por el contrario, aceptar los gravámenes impuestos y quedarse, además de la plena propiedad de la legítima estricta, de lo que les correspondería en el tercio de mejora y, en su caso, en el tercio de libre disposición, una vez fallecido el cónyuge usufructuario. Comparto esta última tesis, entendiendo que encuentra su apoyo en lo dispuesto en el artículo 820.3° del Código Civil, y que además su contenido ha estado plenamente confirmado por nuestra jurisprudencia.

Por consiguiente, los derechos del cónyuge sobreviviente, quedarán supeditados a la manifestación de los herederos forzosos sobre si aceptan o no la herencia adjudicada. De no hacerse, la ley atribuye al viudo la facultad de instar judicialmente una determinación de la voluntad de los legitimarios. Se entiende que si transcurren treinta días sin que decidan nada, implicará una aceptación tácita de la herencia y por consiguiente del gravamen de usufructo (art. 1055 CC).

En cuanto al poder de elección de los legitimarios, me planteo si este derecho de opción debe ser ejercicio conjuntamente por todos los legitimarios o, por el contrario, puede llevarse a cabo individualmente por cada uno de ellos. La doctrina se inclina por esta última opción, la cual comparto, pues considero que es un derecho inherente a la persona y que no puede quedar supeditado a la decisión del resto. En consecuencia, si unos deciden respetar la voluntad del causante y otros no, la extensión del usufructo variará. Así, tendrá como límite mínimo lo que legislativamente se establece como usufructo vidual, al que deberá añadirse la parte del tercio de libre disposición de los rebeldes.

De no ser aceptado por ninguno de los legitimarios, entra la duda sobre qué ocurrirá con el tercio de mejora, pues no es posible acrecer a ninguno de ellos; y no atribuirla a los hijos o descendientes sería contrario a los artículos 808, 813 y 824 del Código Civil. A mi juicio, en estos casos, entiendo que se atribuirá al cónyuge el tercio de libre disposición además de la cuota legal usufructuaria que la ley le reconoce. De darse esta situación, podría resultar muy perjudicial para la empresa familiar. Lo más probable es que el cónyuge no disponga de suficientes bienes para hacer frente a las legítimas, y se produzca la división de la entidad.

Por último, quiero referirme a la calificación sancionadora que algunos autores atribuyen a la cautela socini. Cierto es que del tenor literal de la cláusula, puede llegar a concluirse su carácter sancionador. Se ha llegado incluso a afirmar que dicha cautela obliga a los legitimarios, aunque de forma indirecta, de modo que aquél que no acepta la voluntad del testador queda sancionado. A mi juicio, entiendo que en realidad no hay una auténtica sanción. Se trata solo de una opción que se le da al legitimario para cambiar unos derechos futuros por unos actuales con cargas. Además, tampoco se le priva de nada que hubiese sido suyo antes de heredar, ni que debiera corresponderle después. Esta cuestión ha sido reafirmada por el Tribunal Supremo en su Sentencia de 17 de enrodé 2014.

En definitiva, lo que la cautela socini pretende, es evitar que la actitud rebelde de un legitimario pueda ir en contra de la voluntad del testador, que quiere que su cónyuge disfrute de la totalidad del patrimonio del premuerto. En mi opinión, dicha voluntad debe prevalecer y debe ser respetada por todos. Además, este mecanismo es el más adecuado para lograr tal fin sin perjudicar el patrimonio familiar que, en un futuro, acabará en manos de los descendientes.

2018-05-09T14:00:09+00:00

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